El
libro surge a partir de la visión que tiene la sociedad francesa sobre el
profesorado y el cumplimiento de los objetivos de su profesión, siendo ésta la
base que utiliza el autor para exponer su experiencia educativa personal. A lo
largo de su narrativa, Meirieu señala cuáles son, a su juicio, los aspectos más
importantes en los que hay que incidir en la educación, y a la vez, ofrece
respuestas, en forma de consejos, a cada una de las cuestiones que plantea.
Para empezar, se pone de manifiesto
el pensamiento generalizado de que parece que se ha abandonado la exigencia. La
transformación de la sociedad y de sus costumbres, su propia evolución, puede
hacernos llegar a esta conclusión. Sin embargo puede que no sea más que un reflejo del aumento de la
información disponible a las personas, y las constantes escenografías y
representaciones públicas de la mediocridad, eso sí, en todos los niveles del
desarrollo de las personas.
Por otro lado, la sociedad se
plantea que el problema está en la motivación. Motivación para trabajar o
trabajar para motivar, éste es el dilema. Resulta ser un problema de gran
alcance y más complejo de solucionar de lo que se desearía. Actualmente se
hacen continuas referencias a la sobrecarga informativa que soportan las
personas, y especialmente los jóvenes por su predisposición a la curiosidad. Este estado de catarsis informativa aparece
como consecuencia del desarrollo de las tecnologías y medios que posibilitan el
acceso a la información, de una manera instantánea y cada vez con menos
limitaciones de espacio y de tiempo. Así, se abren con frecuencia debates en
los que se cuestiona si los procesos de enseñanza y aprendizaje se desarrollan
a la par que estos cambios, y si se alcanza el ritmo que permite la adaptación
de la educación a estas modificaciones del entorno de las personas.
La respuesta a todos los problemas
sigue siendo hacer el trabajo con calidad y ser exigentes en todo lo que se
hace, independientemente del objeto de estudio, ya sean ciencias, letras o
artes. Entonces, es preciso tomar una actitud diligente y generar y conservar
la energía suficiente para mantener unos niveles óptimos que propicien una
actividad pedagógica adecuada. Durante este proceso, es inevitable considerar
el papel de los medios de comunicación en la conducta escolar, e intentar
controlar, no la información que estos vierten a la sociedad, ya que resulta
imposible, sino los efectos que esta puede generar en las personas, mediante la
prevención en las escuelas y el fomento del desarrollo de un pensamiento
crítico.
Para lograrlo, resulta fundamental
preparar el material, espacio, tiempo y objetivos de nuestro proceso de
enseñanza, y formar parte, activa y participativamente, de todos los mecanismos
posibles que se ven implicados. Por otro lado, hay que tener en cuenta que el
compromiso de cada alumno en un proyecto ayuda en la disciplina, y por lo
tanto, es importante implicar a los alumnos lo máximo posible, ya que los
problemas graves de disciplina no pueden resolverse solos, y se requiere un gran
esfuerzo y trabajo colectivo.
El autor presenta al maestro como sinónimo
de profesor de escuela, y justifica que el profesor de Primaria y el de
Secundaria son lo mismo, ya que deben utilizar las mismas técnicas y tienen los
mismos objetivos. Al mismo tiempo, separa la escuela de la familia,
consideradas como instituciones diferentes, que realizan funciones diferentes
en la sociedad y sobre las personas, y por lo tanto deben mantener un espacio
de acción delimitado.
La escuela busca la verdad, el
respeto mutuo y la fidelidad a los principios elegidos deliberadamente, y a la
vez, en la escuela se busca el bien común en detrimento de los intereses
propios. Las funciones sociales de la educación así lo estipulan, siendo un
punto de conflicto y posible paradoja principal de la educación. La libertad y
voluntad del individuo sometidas a la libertad y voluntad de la sociedad a la
que pertenece, frente a la pretensión de conseguir el desarrollo y máxima
expresión de los individuos a través de los diversos contenidos que tienen
lugar en los procesos educativos.
Se presenta a la escuela en parte
como una panacea, adjudicando a esta el deber de formar a los alumnos en el desarrollo
de un pensamiento crítico, ya sea con el propósito ideal de evitar caer en
cualquier forma de dominio, de salir del conformismo y provocar el avance y
evolución de la sociedad, así como de provocar el pensamiento propio y el
pensar por uno mismo. En palabras de Jacques Rosseau, “Que nada de lo que se sepa sea porque usted se lo ha dicho sino porque
él lo ha entendido por sí mismo: que no aprenda la ciencia, que la invente. Si
en algún momento usted cambia en su espíritu la razón por la autoridad, ya no
razonará; sólo será el juguete de la opinión de los demás.”
Otra de las funciones que se le
otorga a la escuela es que debe permitir y facilitar el trabajo de los
individuos, en proyectos conjuntos asociándose con otros grupos, desarrollar el proceso de aprender a “hacer
sociedad”. Claramente, la escuela es una herramienta o mecanismo básico de
cohesión social, a pesar de que, aún en frecuentes ocasiones, no adquiera las
características ideales definidas por la inclusión y la equidad.
Por lo tanto, para asumir esta
función democrática, resulta necesario que la escuela de una importancia
capital al Derecho, ya que en última instancia es lo que posibilita mantener a
los hombres juntos y rige sus relaciones. El desarrollo de los procesos educativos
está rodeado por una aureola de utopía, que en parte resulta vital para
mantener la iniciativa y razón de ser del acto pedagógico. Muchas cuestiones
deseables seguirán siendo parte de metas inalcanzables o cuestiones reducidas a
metas volantes, por el inherente desarrollo de la sociedad y de la humanidad.
Así, la democracia debe ser para el profesorado la única utopía posible de
alcanzar.
Finalmente, una vez se ha recorrido
el camino trazado por las experiencias planteadas en el libro, y sobre el por qué enseñar hoy, se otea en el
horizonte de la narrativa, que, en palabras de autor: “los profesores no tienen porvenir, son el porvenir”, a lo que debo
añadir: “no hay maestro sin aprendiz”.
De nuevo se redescubre que la evolución y el porvenir de la sociedad se
manifiesta en los espacios educativos.